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Del ortomosaico al inventario: qué se puede y qué no se puede medir desde el aire

Un ortomosaico es un mapa medible, no una foto grande. Esto es lo que de verdad se puede sacar de él —conteo, diámetro de copa, huecos, hileras, superficie plantada— y lo que no se puede sacar por más que la imagen se vea bien. Con calculadora de píxeles por copa.

· 9 min de lectura

Un ortomosaico no es una foto grande

Un ortomosaico es el resultado de corregir cientos de fotos por la perspectiva de la cámara y por el relieve del terreno, y pegarlas en una sola imagen donde cada píxel tiene coordenada. Esa es la diferencia con una foto aérea: en el mosaico se puede medir. Dos árboles separados por 60 píxeles a 3 cm por píxel están a 1.8 m, y esa distancia se sostiene en el otro extremo del predio.

También conviene saber leer sus defectos, porque los tres se confunden con problemas del cultivo. Las costuras entre pasadas aparecen como líneas rectas donde cambia el tono: son de la mezcla de fotos, no del suelo. Las copas estiradas o derretidas en los bordes del mosaico vienen del paralaje: un árbol alto visto de lado se recuesta, y si el traslape fue corto el software no supo enderezarlo. Los fantasmas —un tractor a medias, una persona repetida— son objetos que se movieron entre fotos.

Todo esto se decide en el vuelo, no en el procesamiento: está en la guía de cómo volar una huerta para contar árboles.

Lo que sí se mide

Con un ortomosaico de resolución suficiente y un polígono del predio, esto es lo que entregamos como inventario y lo que puedes verificar tú mismo sobre la imagen:

  • Posición y conteo por planta. Cada copa detectada lleva su coordenada. El conteo es por bloque y por predio, no un total suelto.
  • Diámetro de copa o de roseta. Se mide sobre la imagen y se calibra contra mediciones de campo (ver la sección siguiente).
  • Huecos y faltantes. Al agrupar las plantas en hileras, las posiciones vacías se vuelven explícitas: cuántas faltan y dónde están.
  • Geometría de plantación. Orientación de hileras, separación real entre hileras y entre plantas, y metros lineales de hilera para presupuestar riego, poda y cosecha.
  • Superficie realmente plantada. El polígono volado descuenta caminos, zonas de maniobra y bordes. Casi nunca coincide con la superficie de las escrituras, y para cualquier número por hectárea usamos la volada.
  • Altura de copa, cuando el vuelo dejó un modelo de elevación y se ve suelo entre las hileras: la altura es la diferencia entre la superficie de la copa y el terreno de al lado. En dosel cerrado, donde no se ve el suelo, el número deja de ser confiable.
  • Vigor por planta, solo si el vuelo fue multiespectral: NDVI, NDRE y compañía se calculan por copa, no por parche de imagen.

¿Cuántos píxeles tiene tu copa?

Objetos típicos
Píxeles a lo ancho de la copa
píxeles
Resolución para medir el diámetro
cm/píxel
Qué puedes pedirle a esa imagen

Regla de trabajo nuestra, no una norma: 8 píxeles para detectar, 20 para medir el diámetro y 40 para leer la forma de la copa. Sobre dosel cerrado, donde las copas se tocan, súbele un escalón.

Lo que no se mide, por bien que se vea la imagen

Esta lista es la que evita las decepciones, y es tan importante como la anterior:

  • Fruta. Lo que está bajo el follaje no se ve desde arriba. El rendimiento no se cuenta: se estima con un modelo que combina conteo, tamaño de copa, edad y cosechas anteriores del propio predio.
  • Lo que vive bajo la copa. Maleza tapada, riego, plantas jóvenes bajo un árbol grande, daño de tronco. El dron ve el techo del cultivo.
  • Madurez interna. Brix, humedad o azúcares no tienen firma desde el aire. En agave, la madurez se aproxima con diámetro y edad, no con color.
  • Plaga por especie. Se ve el síntoma —un manchón que pierde vigor, un árbol seco—, no el agente que lo causa. Eso lo confirma alguien en campo, y para eso está la app de reportes.
  • Dos copas que se tocan. En dosel cerrado dos árboles fusionados pueden contarse como uno. Se corrige con más resolución, volando cuando la sombra es corta y con revisión en pantalla, pero es el límite real del conteo automático en huerta adulta y madura.

El diámetro de la imagen no es el diámetro de campo

Este es el matiz que casi nadie explica. Lo que se mide sobre el mosaico es la extensión del follaje visible: bordes difusos, hoja colgada, sombra propia. Lo que mide un agrónomo con cinta es otra cosa, y las dos difieren de manera sistemática, no aleatoria.

Por eso el diámetro que entregamos está calibrado: con mediciones reales de campo se ajusta una curva que convierte el diámetro de imagen en diámetro de campo, y se ajusta una curva por ciclo de plantación, porque una planta de tres años y una de ocho no se ven igual desde arriba. Sin esa calibración, el número de la imagen sirve para comparar plantas entre sí, pero no para declarar centímetros.

La consecuencia práctica: cuando pidas un inventario, pregunta contra qué se calibró el diámetro y con cuántas mediciones. Si la respuesta es que no se calibró, lo que tienes es un orden, no una medida.

De lo que se ve a lo que se decide

El inventario no es el fin; es la entrada de cuatro decisiones concretas. El conteo por bloque contra la densidad teórica te dice dónde hay que replantar y cuánto material comprar. El diámetro ordena los predios por madurez y arma la ventana de cosecha. Los huecos con coordenada se convierten en orden de trabajo para la cuadrilla. Y la serie de vuelos —el mismo predio dos o tres veces al año— muestra crecimiento real por bloque y detecta pérdidas antes de que se noten a pie.

Dos advertencias de honestidad. Primera: en todo inventario hay plantas que la imagen deja en duda, y esas las revisa una persona en pantalla. Segunda: cuando se rellena una posición faltante por interpolación de la hilera, va marcada como interpolada y no mezclada con las detectadas; quien recibe el archivo tiene que poder separar lo que se vio de lo que se dedujo. Así lo entregamos en el conteo de plantas y árboles.

Qué pedirle a tu proveedor de vuelo

Si el vuelo lo hace otro, esto es lo que tiene que entregarte para que la imagen sirva para inventariar:

  • Las fotos crudas del vuelo, no solo el mosaico terminado: con ellas se puede reprocesar si algo salió mal
  • El ortomosaico en GeoTIFF con su sistema de coordenadas declarado, sin remuestrear a menor resolución y sin comprimir con pérdida agresiva
  • La resolución en cm por píxel y el traslape que usó, por escrito
  • El modelo de elevación, si lo generó
  • El polígono del predio que voló, para saber qué superficie cubre de verdad

Preguntas frecuentes

¿Sirve un ortomosaico que ya me entregó otro proveedor?

Sí, siempre que venga en GeoTIFF georreferenciado y con resolución suficiente para el cultivo (la calculadora de arriba te lo dice en un segundo). Si además conservas las fotos crudas, mejor: podemos reprocesarlas y comparar.

¿Se pueden contar árboles con imagen satelital gratuita?

No. A 10 metros por píxel un solo píxel cubre varios árboles. El satélite sirve para vigilar tendencia, heladas o estrés a lo largo del año, no para inventariar planta por planta; son dos herramientas distintas y se usan juntas.

¿Un vuelo o una serie de vuelos?

Un vuelo te da el inventario de ese día. La serie —dos o tres al año— te da crecimiento por bloque, mortalidad y el historial con el que se estima la cosecha. El primer vuelo es el que más cambia lo que sabes de tu huerta; los siguientes valen por la comparación.

¿Qué resolución me hace falta a mí?

Depende del tamaño de la copa, no del cultivo en abstracto: unos 20 píxeles a lo ancho para medir el diámetro. Para agave, con roseta de 1.8 m, eso son 9 cm por píxel o mejor; en la práctica volamos a 2 a 5 cm porque el margen se lo come la sombra y la maleza.

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